Viajes rápidos

En la pasión, y en el boxeo… Regresar de la noche anterior contenta. Pasarlo bien en la realidad y en el recuerdo. Olvidar deshacer la maleta al llegar a casa con pasos cansados. El resultado, por la mañana: enfrentarse a un montón de ropa que recolocar, y alguna prenda sucia, impresa con las huellas de una felicidad discreta, profunda.

todo es cuestión de distancia… Viajes rápidos. Llegar un día a una ciudad y permanecer 48 horas escasas en ella. No dormir más de una noche bajo la misma sensación. Memorizar las calles, los locales, los sabores, que pasan a toda velocidad. En consecuencia, recordar el día de ayer como si hubiera sucedido mucho tiempo atrás. Aterrizar en una ciudad en la que entra un sol suave de otoño. Y recordar una frase de J. Briel: “C’était au temps où Bruxelles bruxellait” .

Si te acercas demasiado me excito… calles empedradas, edificios burgueses, tejados de pizarra. Recordar la ciudad con el color de Tintín y Milou, de Lucky Luke. Recordar una ciudad como lugar de veraneo de Astérix y Obélix y sus compañeros de tribu, comiendo chocolate y patatas fritas. Perdiendo batallas contra los romanos, por estar borrachos. Y sustituir esa imagen con la imagen surrealista de dos belgas como Magritte y Cortazar. Y entender poco a poco (o mejor dicho, dejar de hacerlo) un país entero.

me asusto… Y pensar en mi rincón favorito, que era la ventana. Pensar en el patio verde, y los setos a mano izquierda, y los árboles a la derecha, y el césped al fondo, siempre verde. Y dejar de ser el rincón favorito porque me asusta la oscuridad de la ciudad, y los setos a mano izquierda, y los árboles a la derecha. Cambiar ese rincón, por los vericuetos imposibles de tres palos. Por el engranaje perfecto de tres maderos que abren la claraboya del baño y dejan respirar la habitación.

me obnubilo digo tonterías… Hace frío. En este puerto no se ve el mar. Las nubes grises hacen de sombrero y la lluvia acaricia la piel. Observo este país contradictorio. Fachadas blancas hermosas de catedrales que brillan con alegría, compiten en magnificencia con edificios grises de hormigón. Las campanas rebotan contra las paredes de la ciudad, y se puede caminar al paso de su música.

me echo a temblar… Se crean puentes en el laberinto surrealista: Las estatuas más famosas son niños meones. La Navidad se adelanta, como el mismo frío, y los regalos se entregan el 6 de Diciembre, para San Nicolás. Los únicos restaurantes abiertos para cenar, son los destinados a los ancianos (que siempre son los más rápidos y listos en enterarse de todo lo bueno) Todos los pubs se llaman Delirium Tremens. Hay más bares con paella juntos, que en todo el levante español. La paella lleva chorizo. El nogal da drupas. Lejos de casa se pueden ver bodegones españoles ofrecidos por turcos. Las pistas de hielo tienen horarios indescifrables. Los cocodrilos viven en el mar. Hay reuniones de ministros europeos, y ahora entiendo por qué hay tanta moneda… de chocolate.

pero si estás lejos me desvelo y escribo poemas… Viaje a Lieja, Bruselas, que se escribe con X, y eso supone una incógnita. Y detrás de cada X, hay un tesoro…

Paquito d’Rivera – Brussels in the Rain

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