SE NOS VAN LOS GRANDES. SE NOS VAN

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Reverbera la música en los muros
y traspasa mi cuerpo como si no existiese.

¿Soy sólo una memoria que regresa
desde el cabo remoto de la vida
fiel a una invocación que no perdona?

Música que rechazan las paredes:
sólo soy eso

Cuando ella cesa también me extingo.

ÁNGEL GONZALEZ

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Prosperidad

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Bien es sabida mi tendecia a la lectura de escritores noveles, y aunque alguna que otra vez me haya llevado una grata sorpresa, la mayoría de las veces no son sino más pan para la sopa.

PROSPERIDAD

Carlos es irresponsable, inmaduro, egoísta y nihilista, practica el victimismo y la autocompasión, y más aún cuando el dentista le hierra la boca con un intempestivo aparato corrector. Por eso “si pudiera hacer algo por joder a toda la humanidad, a la humanidad entera, aunque yo también saliera perjudicado, lo haría” (p. 15), pues “la vida no tiene significado ni razón, ergo las máquinas destruirán el mundo” (p. 41). Pero en seguida se le hace evidente al lector que el universo no termina en Carlos; sus vecinos padecen enfermedades y taras, hasta su hermano Mario, alumno brillante y deportista con futuro, enferma gravemente; las putas con las que se alivia le cuentan su miseria, pese a todo, con una sonrisa; Mariana, dulce y algo loca, es rechazada por todos por su espléndida gordura y él mismo se complacerá en dañarla.

Su existencia está absolutamente desestructurada, como se intenta reflejar en la propia estructura del relato, tanto al nivel de la fábula como de la gramática -sin que el autor haya logrado el efecto deseado-. En conjunto, se trata de una novela pobre en cuanto a la escritura y la técnica; que no alcanza sus pretensiones expresivas y peca de impersonalidad; que cae en lugares comunes, como la salvación a través del amor y la escritura.
¿Existencialista? Quizás, o tal vez sea dramatismo artificial.

La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba

Tengo suerte de conocer los rostros que se esconden tras algunos blogs.

[…]

P. Una de las conclusiones que se pueden sacar en este aspecto es que no podemos sentirnos seguros ni siquiera acorazados por la cultura.

R. Desde luego. Sólo los ingenuos pueden creer que la cultura te ayudará a ser majo.

P. ¿Ni eso nos vale?

R. La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba. Puedes sentir una admiración profunda por Beethoven o Mozart y leer el Fausto, de Goethe, y ser una mierda de ser humano. No hay conexión directa entre la cultura con C mayúscula y tus opciones políticas.

[…]

Entrevista a Jonathan Litell. En Babelia.