De músicos y autores.

Muchos ya conocían mi debilidad ante esos trovadores que componen melodías, escriben poesía y se suben a un escenario dispuestos a una violanción permitida.
Admirable sin duda, su honestidad.

El viernes pasado tuve la agradable sopresa de que la tarde se endulzara con un concierto de un -en el fondo no tan- desconocido David Torrico. Una guitarra sencilla pero sincera, una voz azul y letras personales y vivenciadas acompañaron la velada.

Con claras influencias transoceánicas de Jorge Drexler y Chico Duarque, al final del concierto regaló un arrebato de ternura o un vericueto musical para cada uno de los improvisados oyentes. Sabía bien lo que adjudicaba.

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