Bonitos marcapáginas de Origami

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Estaba cansada de que los papelitos que hacían de marcapáginas acabaran por todos lados menos entre las páginas de los libros, hasta que encontré esta fantástica idea. 
¿Qué os parece?
Aquí las instrucciones:

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Las cualidades de los higos

El higo es una fruta muy conocida pero no tan consumida en el mundo como otras. Se desconoce las cualidades medicinales que poseen los higos.

Los higos aportan nutrientes al cuerpo como:

-fibra
-vitamina A
-vitamina C
-calcio
-fosforo
-magnesio
-potasio

Las cualidades medicinales de los higos son:

-Ayuda a limpiar los pulmones en personas con catarro, tos, bronquitis, anginas y otras afecciones de las vías respiratorias

-Es eficaz para tratar el estreñimiento y el transito lento

-Ayuda a prevenir y aliviar enfermedades reumáticas y artritis

-Aporta gran cantidad de nutrientes que ayudan a las personas con alto desgaste físico como en el caso de los deportistas

-Ayuda a prevenir malestares digestivos como acidez estomacal, reflujo y otros problemas digestivos

-Ayuda a cicatrizar heridas infectadas en la piel, pero además flemones en la boca,  forúnculos, abscesos, herpes

-Ayuda a regular la presión arterial

-Estimula el sistema inmunológico ya que incrementa la producción de glóbulos blancos y rojos

-Ayuda a calmar y reducir las irritaciones en la garganta

 

No es recomendable el consumo de higos por parte de personas con diabetes por su alto contenido de azúcar. Tampoco es aconsejable que lo ingieran quienes sufren de obesidad por que aporta muchas calorías al organismo.

Los higos se pueden consumir frescos pero también desecados cuando no están en temporada, ya que de ambas formas se pueden aprovechar sus beneficios nutricionales y medicinales.

También se pueden preparar cataplasmas con higo sobre la piel.

Los higos son frutas muy saludables y ricos por lo que vale la pena incorporarlo a nuestra dieta. 

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El gran poema de nadie

En la Ciudad de la Basura del Barrio Copto de El Cairo (Egipto) personas de todas las edades, oficios y condiciones recogen y reciclan palabras impresas encontradas en carteles, cajas, envases comerciales y cualquier otro soporte que haya sido arrojado a la basura, con el objetivo de construir de manera colectiva un poema en forma de gran banderola que se puede colgar en un espacio público. Se trata de una acción poética participativa guiada por el escritor español Dionisio Cañas en septiembre de 2011. Esta misma idea se ha repetido en una quincena de ciudades en todo el mundo desde 2002 bajo el título de El Gran Poema de Nadie.

Los objetos nos llaman

La muerta 
de Juan José Millás

Cierto día, un compañero de colegio señaló en la calle a una mujer, diciéndome:

-Mírala, está muerta.

A mí me parecía imposible que una difunta se moviera con aquella naturalidad entre la gente. De hecho, sabía que era mentira, pero resultaba excitante creérselo, así que le seguí el juego. Mi amigo me aseguró que era capaz de distinguir a una mujer muerta entre mil mujeres vivas.

-¿Pero en qué lo notas?

-En nada en concreto y en todo a la vez. Si te fijas, van envueltas como en una burbuja de paredes invisibles. Cuando seas capaz de percibir esa burbuja, aprenderás a distinguirlas.

A los pocos días de esta conversación, iba dando patadas a las piedras por mi calle, cuando vi a una mujer dentro de la burbuja. La burbuja la puse yo seguramente, pero la mujer era completamente real. La seguí con disimulo hasta la Avenida de América, y luego por Francisco Silvela, hasta llegar a una ferretería en la que entró para salir al poco del brazo de un sujeto muy alto, con bigote a lo Clark Gable. El hombre estaba vivo, desde luego, y no trataba a la mujer como a un cadáver. Al contrario, se acercaba a su cuerpo cuanto le era posible, desplazando la pared de la burbuja hacia el otro lado, y le besaba el cuello a través de esa membrana que parecía no detectar. Entraron en un bar que hacía esquina con la calle de Méjico y se comieron un bocadillo de calamares cada uno. Cuando ella alargaba el brazo para tomar de la barra el vaso de cerveza, sacaba la mano de la burbuja sin romperla, del mismo modo que algunos objetos son capaces de penetrar en una pompa de jabón.

Comencé a centrar mi atención en él. Parecía el prototipo de individuo mundano que por entonces yo mismo aspiraba a ser. Una persona con clase, pensaba ingenuamente, debe moverse con la misma naturalidad entre los muertos y los vivos. Aquel hombre actuaba con una soltura increíble y sabía en qué momento tenía que abrocharse o desabrocharse el botón de la chaqueta o pasarse el dedo índice por el extremo del bigote, como para recoger, más que una miga de pan, un pensamiento. Al salir del bar, él la tomó de la cintura y la atrajo hacia sí con tal violencia que la sacó sin darse cuenta de la burbuja. Entonces abandoné la persecución con la idea romántica de que el amor consiste en rescatar al otro de la muerte, y decidí esperar mi oportunidad.

A los pocos meses llegó al barrio una chica nueva, con burbuja. Era muy joven para estar muerta, pero lo consulté con mi amigo y me dijo que las había de todas las edades.

-Una prima mía de tres semanas está muerta también.

-¿Y qué dicen sus padres?

-No lo saben. La mayoría de la gente no ve la burbuja.

Me enamoré como un loco, y, cuando logré reunir el dinero suficiente, la invité a un bocadillo de calamares en el bar de Francisco Silvela esquina a Méjico. Luego intenté acercarme para rescatarla de la burbuja, pero no se dejó. Y al día siguiente, cuando pasé cerca de un grupo en el que se encontraba ella, noté que me señalaba con expresión de burla. Estaba presumiendo de haberme sacado un bocadillo de calamares, que para nosotros era una fortuna. Entonces, pese a mi timidez, me acerqué al grupo y, apuntándole al pecho con el dedo, le dije:

-Estás muerta. No vayas a creerte que no lo sé.

Todas sus amigas se alejaron un poco, como con miedo a contagiarse, y desde entonces arrastró una vida solitaria, que yo tampoco intenté aliviar, aunque me lo pedía con los ojos. Se casó con un muerto de hambre con el que asiste a misa de difuntos todas las semanas. Continúa en el barrio, y, cuando me acerco por allí, a ver a mis padres, se hace la encontradiza para que la libere de la burbuja en la que sigue atrapada. Pero ahora, aunque quisiera, no podría, porque yo mismo he ido encerrándome durante todos estos años dentro de una membrana transparente y flexible de la que sólo podría rescatarme una mujer viva.

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Y girar la vista atrás y caminar despacio y evitar

En la mirada de él, Pepino es una sonrisa nocturna que espía la luna: es hermoso y joven para conocer la respuesta, y cuando alguien miente, el mundo se llena de frío y él tose lágrimas y calla poemas con alfileres que se te ponen en la punta de la lengua que están prohibido pasar, pero a él le duele porque Pepino es bello y además su piel huele a flor. Flor voluptuosa, o a mentira en distancia. O a tierra húmeda de mar; como a casa sin serlo. Y por eso mejor caminar de lejos y poco a poco. Desconfiado. Aturdido. Y sueña con otras playas. Cuando está triste se tapa los ojos, mira hacia otro lado. Calla y se mete en una caja en la que nadie más puede entrar y cuando se le pasa sale volando pisando relojes que aceleran o retrasan el tiempo, el pasado y el futuro a su antojo y vuelve a sonreir porque Pepino es bello y su piel huele a flor y su sonrisa es la de un amigo joven, que protege suave o con violencia, porque su amor es profundo como un bosque y si él quiere los árboles bailan a la vez con el viento porque sus manos son fuertes y posee muchas cosas en ellas y es hermoso porque él tiene ojos de fragilidad en forma de inefable muralla y Pepino es una sonrisa noctura que espía la luna: es hermoso y joven para conocer la respuesta, y cuando alguien miente, el mundo se llena de frío y tose lágrimas y calla poemas con alfileres que se te ponen en la punta de la lengua que está prohibido pasar, pero a él le duele porque Pepino es bello y además su piel huele a flor.

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Y por cosas de la vida, él lee en Pepino cosas que me recuerdan que hay cosas por las que realmente llorar. Y Pepino lee mientras él mira:
“Kerouak y Ginsberg: Llegará un día en que estas cartas harán llorar América”
http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2012/05/kerouac-y-ginsberg-a-traves-de-cartas.html 

 

Viajes rápidos

En la pasión, y en el boxeo… Regresar de la noche anterior contenta. Pasarlo bien en la realidad y en el recuerdo. Olvidar deshacer la maleta al llegar a casa con pasos cansados. El resultado, por la mañana: enfrentarse a un montón de ropa que recolocar, y alguna prenda sucia, impresa con las huellas de una felicidad discreta, profunda.

todo es cuestión de distancia… Viajes rápidos. Llegar un día a una ciudad y permanecer 48 horas escasas en ella. No dormir más de una noche bajo la misma sensación. Memorizar las calles, los locales, los sabores, que pasan a toda velocidad. En consecuencia, recordar el día de ayer como si hubiera sucedido mucho tiempo atrás. Aterrizar en una ciudad en la que entra un sol suave de otoño. Y recordar una frase de J. Briel: “C’était au temps où Bruxelles bruxellait” .

Si te acercas demasiado me excito… calles empedradas, edificios burgueses, tejados de pizarra. Recordar la ciudad con el color de Tintín y Milou, de Lucky Luke. Recordar una ciudad como lugar de veraneo de Astérix y Obélix y sus compañeros de tribu, comiendo chocolate y patatas fritas. Perdiendo batallas contra los romanos, por estar borrachos. Y sustituir esa imagen con la imagen surrealista de dos belgas como Magritte y Cortazar. Y entender poco a poco (o mejor dicho, dejar de hacerlo) un país entero.

me asusto… Y pensar en mi rincón favorito, que era la ventana. Pensar en el patio verde, y los setos a mano izquierda, y los árboles a la derecha, y el césped al fondo, siempre verde. Y dejar de ser el rincón favorito porque me asusta la oscuridad de la ciudad, y los setos a mano izquierda, y los árboles a la derecha. Cambiar ese rincón, por los vericuetos imposibles de tres palos. Por el engranaje perfecto de tres maderos que abren la claraboya del baño y dejan respirar la habitación.

me obnubilo digo tonterías… Hace frío. En este puerto no se ve el mar. Las nubes grises hacen de sombrero y la lluvia acaricia la piel. Observo este país contradictorio. Fachadas blancas hermosas de catedrales que brillan con alegría, compiten en magnificencia con edificios grises de hormigón. Las campanas rebotan contra las paredes de la ciudad, y se puede caminar al paso de su música.

me echo a temblar… Se crean puentes en el laberinto surrealista: Las estatuas más famosas son niños meones. La Navidad se adelanta, como el mismo frío, y los regalos se entregan el 6 de Diciembre, para San Nicolás. Los únicos restaurantes abiertos para cenar, son los destinados a los ancianos (que siempre son los más rápidos y listos en enterarse de todo lo bueno) Todos los pubs se llaman Delirium Tremens. Hay más bares con paella juntos, que en todo el levante español. La paella lleva chorizo. El nogal da drupas. Lejos de casa se pueden ver bodegones españoles ofrecidos por turcos. Las pistas de hielo tienen horarios indescifrables. Los cocodrilos viven en el mar. Hay reuniones de ministros europeos, y ahora entiendo por qué hay tanta moneda… de chocolate.

pero si estás lejos me desvelo y escribo poemas… Viaje a Lieja, Bruselas, que se escribe con X, y eso supone una incógnita. Y detrás de cada X, hay un tesoro…

Paquito d’Rivera – Brussels in the Rain

Dice que allí dicen

Era sencillamente deseo de viajar; deseo tan violento como un verdadero ataque, y tan intenso, que llegaba a producirle visiones. Su imaginación, que no se había tranquilizado desde las horas del trabajo, cristalizó en la evocación de un ejemplo de las maravillas y espantos de la tierra que quería abarcar en una sola imagen. Veía claramente un paisaje: una comarca tropical cenagosa, bajo un cielo ardiente; una tierra húmeda, vigorosa, monstruosa, una especie de selva primitiva, con islas, pantanos y aguas cenagosas; gigantescas palmeras se alzaban en medio de una vegetación lujuriante, rodeadas de plantas enormes, hinchadas, que crecían en complicado ramaje; árboles extrañamente deformados hundían sus raíces hacia el suelo, entre aguas quietas de verdes reflejos y cubiertas de flores flotantes, de una blancura de leche y grandes como bandejas.

Thomas Mann -extracto-

Marea. Pan duro.
pan-duro-marea